De cómo las cartas Pokémon han colonizado los colegios españoles

Mi hijo no para de hablar sobre las cartas Pokémon últimamente. En este caso, y sin que sirva de precedente, no tengo nada que ver. Cuando en noviembre de 1999 se lanzaron las primigenias entregas para Game Boy en España y Telecinco estrenó la serie de televisión en prime-time infantil a la hora de la merienda, yo ya andaba con otras cosas a los 16 años. El caso es que todos sus amigos y compañeros de clase coleccionan cartas Pokémon y las llevan en la mochila para intercambiarlas, pero tras una investigación de campo he descubierto que a buena parte de ellos no les interesa conocer el reglamento del juego para el que fueron concebidas, amén de no sentir ni la mínima atracción por los propios videojuegos de la saga. ¿Qué está ocurriendo?

Cartas Pokemon falsas compradas en el mercadillo
Sobres y cajas de Cartas Pokemon falsas compradas en un mercadillo

Hablamos de edades comprendidas entre los 6 y 9 años que no se vieron afectados por revivals recientes como el de Pokémon GO, y menos aún el auge de los títulos portátiles: 3DS dejó de fabricarse en 2020 y los móviles han canibalizado la cuota infantil como plataforma de entrada para primerizos. No, la raíz de todo esto es una combinación de factores fruto, entre otras cosas, del universo youtuber/streamer y una reacción en cadena que se ha ido gestando en el fértil terreno post-pandemia.

Para neófitos, Pokemon Trading Card Game (TGC) es un juego competitivo de cartas coleccionables que lleva activo desde su publicación en 1996, y que ha ido lanzando nuevas expansiones de forma ininterrumpida, primero bajo el auspicio de Wizards of the Coast para la distribución en occidente y después mediante la propia The Pokémon Company. Según datos oficiales, durante el año fiscal 2020-2021 se vendieron 3.700 millones de cartas, un número demencial que resulta ser el 10.8% de su histórico total de ventas durante los casi 25 años de vida del juego. O lo que es lo mismo, se han puesto en circulación 34.000 millones de cartas, por lo que así a ojo cabemos a una 26 para cada persona del planeta.

Infografía extraída de un informe publicado en 2021 por The Pokemon Company

Con un parque así, es normal que estas cartas, y los Pokémon en general, sean uno de los pilares sobre los que señores de treinta y tantos erigen sus recuerdos de aquellos tiempos felices. ¿Y qué pasa cuando una generación con poder adquisitivo que vive inmersa en una constante idealización del pasado quiere preservar su infancia rescatando descatalogados tótems? Pues que se generan imposibles burbujas especulativas que arrastran a los más inocentes por el camino.

En octubre de 2020, el Youtuber y boxeador a ratos libres Logan Paul emitió una serie de directos en los que abría varias cajas con sobres de la primera edición del juego de cartas. Al igual que sucede otros juegos coleccionables de largo recorrido como Magic the Gathering (con quien Pokémon TCG compartió distribuidor, de hecho), su compraventa es un mercado que mueve mucho dinero, y la adquisición de cajas precintadas solo está al alcance de gente muy pudiente. Aquella retransmisión acumula 12 millones de reproducciones en YouTube, y sirvió para que medios generalistas mencionaran la existencia de una carta de Charizard valorada en más de 300 mil dólares. La idea de que cualquiera podía tener una fortuna guardada en un cajón de casa de sus padres caló fuerte y avaló ciertos ideales de tiburón que pueden ser deudores de paridas como aquello de vender los VHS de El Rey León a precio de oro.

A lo largo de ese año fueron varios los creadores de contenido que prendieron la llama. Gente como HardCollector, Leohart o UnlistedLeaf hicieron que cada vez más gente supiera en qué consiste enviar a tasar una carta hasta el punto de que hoy día existen listas de espera de varios meses debido a la alta demanda de este tipo de servicio. Pero por extraño que parezca, esta fiebre no había llegado a España y Latinoamérica llevando ya varios años de constante crecimiento en otros países. Con esta oportunidad por delante, ElRubius estuvo lo suficientemente avispado como para replicar la maniobra de Logan Paul en la comunidad hispana organizando su propio unboxing en directo con sobres difíciles de conseguir hoy día. Para ello, contactó con el coleccionista David Pozuelo, más conocido en YouTube como Darizard9, quien le orientó y proporcionó material para emitir el 23 de diciembre de 2020 su ‘Epic Unboxing’ en el que consiguió cartas por un total aproximado de 20.000 dólares, aunque previamente ya había publicado en su canal de YouTube un vídeo mostrando otro Charizard (propiedad de dicho coleccionista) similar al que le tocó a Logan Paul, y que no hizo sino aumentar las ansias de todo el mundo por dar el pelotazo. El vídeo tuvo una media de 260.000 espectadores en Twitch y el resumen que publicó en su canal de YouTube ronda los 8 millones de reproducciones.

¿Y qué sucede cuando una de las figuras más influyentes de la red sienta un precedente temático así de suculento? Pues que todos los demás van detrás. 2020 y 2021 ha sido una época de oro para la creación de contenidos. Con el tiempo de reproducción de vídeos disparado en menores debido a los malos hábitos adquiridos durante la pandemia, el algoritmo de YouTube comenzó a mostrar recomendaciones relacionadas con el unboxing de cartas Pokémon junto a vídeos de Los Compas y soliloquios de Loquendo hablando de leyendas urbanas en videojuegos de Sonic. La semilla estaba plantada entre los peques y no ha dejado de crecer hasta nuestros días, donde la proliferación de canales afines a este tipo de contenido supone un bombardeo constante para esa franja de público, amén de existir vasos comunicantes entre otros fenómenos vigentes como el sempiterno Minecraft: ya si eso hablamos otro día del mod Pixelmon. El medio se realimenta.

YouTube está lleno de unboxings

Todos estos contenidos fueron reforzados aún más en meses posteriores por los streamers que lo incentivaron inicialmente. El propio Logan Paul continuó dejándose una fortuna en cartas tal y como demuestran los dos millones de dólares que se gastó en 36 cajas de sobres a principios de febrero. Rubius siguió por la misma senda haciendo un unboxing de una caja aún más cara que la de su anterior entrega, haciendo que otros rostros conocidos de la rubiusfera también formaran parte de aquello y realizando constantes menciones al tema en sus directos de Twitch, ramificándose la actividad en otros tantos youtubers y streamers posteriormente. No hay más que echar un vistazo a las estadísticas de Google Trends para comprobar que el impulso de sus dos vídeos aumentaron el volumen de búsquedas relacionadas en España, aunque no fue hasta septiembre de 2021 cuando las cifras se dispararon. ¿Septiembre? Claro, con el inicio del curso académico y tras todo un año cocinándose a fuego lento, era cuestión de tiempo que la Pokemanía lo reventara. Pero aún falta hablar de un empujón físico que permitió sentir el placer de manosear una carta con las añejas ilustraciones de las primeras ediciones.

El 15 de octubre de 2021, y con motivo del 25 aniversario de la franquicia, McDonalds comenzó una promoción en la que se incluía de regalo con cada Happy Meal un sobre con cuatro reimpresiones de algunas de las cartas más icónicas de las ediciones antiguas. El sueño estaba cumplido, y con él, nos acercamos a la gran verdad, al meollo de todo este recorrido buscando causas y efectos. Aunque estas podían ser las primeras cartas para una nueva nueva generación de jóvenes entrenadores Pokémon, lo cierto es que puede ser complicado para un crío de siete años empezar ahí su colección y ponerse a comprar sobres de 11 cartas que cuestan entre 3 y 4 euros. Aquí llega al rescate el mercadillo de tu barrio en el que por un eurito puedes llevarte una caja con 30 flamantes copias malas impresas en cartón blandurrio. Existen réplicas en forma de sobres de las distintas colecciones tanto modernas como clásicas, cajas metálicas, packs de refuerzo y cualquier otro formato que te puedas imaginar. Hace meses que te los puedes encontrar en cualquier parte al ladito a los intratables Superthings.

Ahí es donde me di cuenta de la verdadera naturaleza de todo esto. Tanto mi hijo como buena parte de sus compañeros son totalmente conscientes de que sus cartas no son auténticas, pero les da exactamente igual. El verdadero disfrute está en intercambiarlas y sentir esa agradable sensación de pertenencia a un grupo afín mientras hablan de evoluciones imposibles y reglamentos estrafalarios que nada tienen que ver con las normas oficiales o los sistemas construcción de mazos reglamentarios. Incluso he llegado a ponerle recientemente algunos de los títulos originales para que conociera la fórmula en la que se basa el universo Pokémon, concretamente el remake para Game Boy Advance de las dos primeras entregas. Tras un par de horas y una latente frustración presente en su rostro me dijo algo así como «Papá, ¿en serio el juego consiste en luchar todo el rato contra los monstruos que te encuentres y repetir combates para poder vencer a otros entrenadores? ¿no hay nada más?». No supe qué responder, y no porque no pudiera explicarle en qué consisten las evoluciones o los pormenores del sistema de fortalezas y debilidades según el tipo de criaturas enfrentadas. Estaba digiriendo el fondo de aquello.

Vivimos en los tiempos de la información desvirtuada. Un adolescente posiblemente sepa que Terminator 2 es una de las películas de acción y ciencia ficción más relevantes de los 90, pero no porque la haya visto, sino porque se ha comido en YouTube un vídeo de un preadolescente hondureño contando diez curiosidades sobre Arnold Schwarzenegger y que, a su vez, tampoco la ha visto. El consumo de ocio no es lineal, ramificándose mediante formas imposibles que nacen del crisol de conocimiento instantáneo que ofrece Internet. Lo que los más talluditos del lugar intentamos ver como una sucesión lógica de acontecimientos (el presente texto es buena prueba de ello), realmente tiene un recorrido y repercusión muy distinta para estos pequeños receptores de artefactos culturales de los últimos 40 años que son nuestros enanos. Ellos no las ven venir.

Los creadores de contenido más influyentes de nuestro país tienen una enorme responsabilidad porque pueden promover modas y tendencias capaces de revolucionar por completo ciertos sectores de consumo. Un Rubius, un Ibai o un Auronplay pueden definir infancias con una facilidad pasmosa. En el caso del unboxing de cartas Pokémon, en tan solo un par de años se ha multiplicado por 100 el precio de algunas de ellas, rompiendo buena parte de las aspiraciones de los coleccionistas más humildes tal y como ya ha sucedido con otros mercados especulativos como el de los videojuegos retro o los juegos de rol clásicos. De la noche a la mañana cambian los paradigmas y nuestra misión, como padres y madres, debería ser entender el porqué de las cosas para ejercer de orientadores en un mundo digital demasiado salvaje que puede dejarles huella tanto positiva como negativamente.

Este fin de semana he pillado a mi hijo varios días viendo en televisión la serie Viajes Maestros Pokemon, vigesimocuarta temporada de la serie original que comenzó en 1999. Actualmente la emiten tanto en Boing como en Neox después de que pasara los últimos dos años perdida en la parrilla de los canales temáticos de A3Media hasta que Mediaset recuperó los derechos de emisión que perdió en 2010. Le pregunté que cómo es que estaba viendo la serie si hasta hace bien poco no le prestaba ninguna atención, a lo que me respondió que ha decidido empezar a ver anime porque, aunque no le gustan los videojuegos de Pokémon, a lo mejor descubre otras series japonesas parecidas que le puedan gustar. Que nos quiten lo bailao.

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