Ponga una tele de tubo en su vida (I)

El fetichismo tecnológico fruto de una afinidad al amparo de la nostalgia está intratable en estos tiempos. Las ventas de discos de vinilo superaron recientemente a las del CD, el coleccionismo de videojuegos retro tiene más adeptos que nunca porque el pre-milenial está llegando a la crisis de los 40 y, en general, el hardware en desuso adquiere valor por el mero hecho de escasear en un mundo donde los bienes materiales son el opio con el que curamos los sinsabores de la vida. ¿Tiene sentido entonces a estas alturas de la película guardar en el trastero cuatro teles culonas?

Como de alguna forma hay que autoconvencerse, voy a intentar defender esta perversión a partir de su elemento diferenciador con respecto a casos como los mencionados. Los videojuegos para máquinas coetáneas a la televisión analógica estaban desarrollados pensando en los sistemas de visualización de la época, tanto a nivel de respuesta en el control como en su propia manifestación a través de un tubo rayos catódicos. Hagamos un pequeño repaso de los motivos que nos podrían llevar a preservar y seguir disfrutando de esta tecnología en nuestros días. Y no sientan pudor por mangar teles en el punto limpio de su barrio, que en peores plazas hemos toreado.

Alisia Dragoon para Mega Drive visto en un televisor CRT
Alisia Dragoon de Mega Drive en un CRT
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